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viernes, 12 de septiembre de 2014

Somos lo mismo

Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro hombre una obligación no escogida, un deber no recompensado o un servicio involuntario.

El argumento de la intimidación es una confesión de impotencia intelectual. Los hombres sólo pueden tratar entre sí de dos formas. Armas o Lógica. Fuerza o Persuasión. Aquellos que saben que no pueden ganar utilizando la lógica, siempre han acabado por recurrir a las armas.

Cuando se advierta que para producir se necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando se compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando se perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos; cuando se repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces se podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que la sociedad está condenada.

Así es nuestro mundo, lo soez de la naturaleza humana.



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