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lunes, 25 de noviembre de 2013

Aburrirse en el trabajo es peor que tener muchísimas tareas



Sólo hay una cosa peor que tener muchísimo trabajo. Es no tener nada que hacer.

No tener nada que hacer en el trabajo causa una sensación de angustia. No sólo porque se pierde el tiempo entre bostezo y estiramiento sino porque además se convierte en un elemento de bloqueo vital.

Hay estudios que demuestran que el aburrimiento puede ser causa de errores graves porque la mente se bloquea y el cerebro se desconecta. Sin embargo, ¿hay algo de encantador en el hastío?... un poco pasa pero si el hartazgo y el bostezo se convierten en rutina, el problema ya se incluye en la categoría de grave. Sufrir una sensación de hastío durante ocho horas diarias no es, en absoluto, recomendable.

Si se tiene en cuenta que pasamos trabajando tres cuartas partes de la vida, aburrirse en el puesto laboral significa que me aburro durante la mayor parte de mi vida.

Ante esta situación, no caben demasiadas soluciones. Evitar el tedio, en cualquier caso, depende exclusivamente de cada uno. Si no se puede encontrar una motivación en el trabajo, el aburrimiento será inevitable y en estos casos no hay diferencias entre sacar fotocopias o ser ministros.

El tedio laboral aparece una mañana y desde ese día se convierte en un compañero inseparable. Esta sensación de hastío laboral lo he denominado “el síndrome del lunes por la mañana”, que en los casos más críticos podríamos denominar también como “el síndrome del domingo después de comer”. Estamos en la primera fase si tenemos obsesión por apurar los últimos cinco minutos antes de irse a dormir el domingo; en la segunda fase, se comienza con tener nostalgia por la libertad de los fines de semana y las vacaciones. La tercera fase se caracteriza por añadir a la etapa anterior imágenes desagradables del trabajo: el jefe arrogante, el compañero trepa… Yo las he pasado todas.

Con semejante panorama es difícil llegar ilusionado y motivado a la oficina después de despertar.

Los psicólogos describen el aburrimiento en el trabajo como un estado emocional de insatisfacción que no radica solamente en el tipo de actividad que se realiza, sino, sobre todo, en la satisfacción que produce realizar ese trabajo y en la percepción que tenemos de él. Del mismo modo que la ilusión me hace sacar fuerzas y trabajar muchas horas sin cansarme, el aburrimiento me agota antes de empezar a trabajar. Hay tareas monótonas, repetitivas, mecánicas, cuya propia naturaleza podría explicar mejor la sensación de monotonía pero, sin embargo, el aburrimiento nace muchas veces de la sensación de estar estancada, de perder el tiempo en algo que no me interesa o en lo que no creo, pero a lo que estoy atada para pagar las facturas.

Mi empresa y más concretamente su manera de organizar el trabajo tienen parte de culpa, me abonan al camino del cansancio. Mi ruta del aburrimiento está perfectamente descrita: me he cansado porque no tengo una experiencia real de progreso y la tarea a la que me dedico o no ha empezado aún o no tiene principio ni final definido. Continuará....

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